SIENTO, LUEGO EXISTO. EL NUEVO ARTÍCULO DE OPINIÓN DEL PRESIDENTE DEL GRUPO CECAP

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Siento, luego existo. El nuevo artículo de opinión del presidente del Grupo de Entidades Sociales CECAP.

«Las personas con discapacidad, igual que cualquier otra persona, tienen un mismo desarrollo madurativo afectivo-sexual, pasando por las mismas fases tanto evolutivas, como de aprendizaje»

 

 

 

En una sociedad donde priman los estereotipos, como consecuencia de la marcada necesidad que tenemos de etiquetarlo todo, buscando una engañosa sensación de control sobre aquello que desconocemos, es fácil caer en prejuicios, generando ideas erróneas y en la mayoría de las ocasiones falsas, que pueden limitarnos en nuestra percepción de la realidad, siendo víctimas de aquello que nos aventuraba Platón en su alegoría de la caverna.

Seguramente, todos somos víctimas de estos prejuicios, de una u otra forma. Siendo observador u observadora, podrás darte cuenta de que muchas de estas ideas falsas, son infundadas a través de estereotipos o etiquetas, como por ejemplo pensar que las personas con discapacidad son asexuadas, o, por el contrario, tienen una sexualidad exacerbada. Ninguno de estos dos mitos, son ciertos. Estos bulos se han ido generando a lo largo del tiempo, alimentados por un profundo desconocimiento de la realidad.

Yo mismo, a pesar de los años que llevo apoyando a jóvenes con discapacidad, caí en uno de estos prejuicios, viviendo uno de los episodios más sonrojantes de mi carrera profesional. Bien es cierto, que en mi defensa diré, que estaba empezando en este ámbito y todo era nuevo para mí. Acudía a un congreso internacional, donde varios expertos en la materia exponían sus estudios. En una de estas exposiciones, un profesional norteamericano, abordaba los retos en la educación afectivo-sexual de las personas con discapacidad, como estrategia a la hora de apoyarlos en su desarrollo personal. De pronto, la pregunta más absurda se me pasó por la cabeza, y sin pensar dos veces, me dispuse a coger el micrófono y plantearla en esa sala completamente llena. “Buenas tardes, quisiera preguntarle, ¿una persona con discapacidad intelectual, se puede enamorar? Nunca se me olvidarán esos diez o quince segundos de silencio. Aquel hombre, se acercó al micrófono de su mesa con cara de incrédulo y respondió, “habrá discapacidad intelectual, pero nunca discapacidad emocional”. Esta frase lapidaria, movió mis adentros. Una sensación de alivio recorría mi cuerpo, al escuchar las palabras de aquel experto, que me corroboraba lo que de alguna forma pensaba, el amar no guarda relación directa con la capacidad intelectual. Dicho de otra forma, no ama más quien más sabe. A partir de entonces, pude entender mucho mejor todo lo que podían sentir, entendiendo que sentían y deseaban exactamente igual que yo.

Sin embargo, a la vez que experimentaba esta bonita sensación, nacía en mí una frustración al ponerme en el lugar de muchos jóvenes, con nombres y apellidos que tenía el placer de conocer. Pensaba, ¿cómo podrán experimentar o explorar su sexualidad, si les negamos el poder hacerlo? Es más, ¿si les negamos el derecho que cualquier ser humano tiene, simplemente por el hecho de serlo, a crecer y madurar en todas las dimensiones de su vida? Empecé a ser más consciente del enorme tabú que existía en torno a este tema. El silencio, en unos casos, la negación en otros, eran las respuestas más comunes. Ni tan siquiera los profesionales como yo, reconocíamos este derecho en las personas a las que servíamos.

Llevo más de veinte años, trabajando día a día en el apoyo de personas con discapacidad, y aún hoy puedo ver cómo sigue siendo, en muchos casos, un tema tabú. Desde el Servicio de Capacitación CECAP, proyecto en el que ejerzo mi labor como psicólogo, suelo mantener una reunión inicial donde siempre abordamos de forma individual, los objetivos personales de la persona interesada, con el fin de poder establecer estrategias de apoyo que le hagan conseguir sus metas. Me sorprende ver cómo, hablamos con naturalidad de objetivos de empleo, de formación, de salir y hacer amigos, pero ninguno de ellos, habla de su deseo por encontrar pareja o tener relaciones. Ni sus familias, ni aún muchos profesionales, hablan abiertamente de estos temas, negando una de las afirmaciones más evidentes que podemos plasmar en este escrito. Las personas con discapacidad, igual que cualquier otra persona, tienen un mismo desarrollo madurativo afectivo-sexual, pasando por las mismas fases tanto evolutivas, como de aprendizaje.

Seguramente pocos de nosotros, por no decir ninguno, tuvimos la oportunidad de recibir información sobre sexualidad en nuestra infancia o pubertad. Las grandes fuentes de información eran, sin lugar a dudas, los amigos y amigas, donde teníamos la oportunidad de plantear nuestras dudas e inquietudes y, donde siempre había alguien más enterado o enterada que tú. Además, en estos entornos de amistad, empezamos a experimentar la atracción por alguien, y disfrutábamos de tener alternativas para poder explorar y acercarnos poco a poco a algo tan desconocido. Sin embargo, la realidad de una persona con discapacidad está marcada por la ausencia de estas oportunidades, no encontrando tan siquiera, en la mayoría de los casos, grupos de iguales donde poder indagar sobre estos temas o acceder a la información informal, que mencionábamos antes.

Otro de los estigmas del cual, todos somos víctimas en la sociedad que hemos inventado, es el que conocemos como canon de belleza. Somos expertos en determinar que es y que no es bello, estableciendo una serie de medidas, estándares, etc. que, sin lugar a dudas, provocarán en nosotros la satisfacción de sentirnos bellos o bellas, o, por el contrario, la enorme decepción de no encontrarte dentro de los límites establecidos, y pensar que no te encuentras en el “catálogo” de hombre o mujer sexualmente atractivo o atractiva. Si pensamos en una persona con discapacidad, es fácil caer en la cuenta, que se encontrará en la mayoría de las ocasiones, en este segundo grupo. Pero parece cruel pensar, que estos cánones no son más que códigos inventados, que han sido aceptados por la sociedad como verdaderos, al participar y aprobar sin dilación estos preceptos. Sin tan siquiera caer en la cuenta, que, en la mayoría de las ocasiones, seguramente estos cánones establecidos, responderán a intereses de mercados u otros inventos de nuestro tiempo.

Ha sido clave, abrir el corsé, eliminar esa idea reduccionista y limitada de belleza, para poder afirmar que lo bello no depende de un estándar meramente físico, sino de aspectos tan intangibles que nunca nadie podrá delimitar. De esta forma, las personas con discapacidad, se pueden sentir dentro de este “catálogo”, y aspirar a lo que todos aspiramos, gustar a la persona deseada.

Por tanto, no seamos ingenuos, muchos de las ideas erróneas o falsas que circulan por ahí, han sido alimentadas por esta historia de silencio. Las personas con discapacidad han sido víctimas del miedo de aquellos que, se aventuraban como sus protectores, pero no cayeron en la cuenta que proteger no es limitar, sino más bien acompañar y ofrecer seguridad en el difícil camino hacía la madurez. Hoy podemos decir, que muchos de ellos, gozan de una sexualidad sana y segura, según sus preferencias e identidad, sean cuales sean, gracias al apoyo que, cada vez más personas les ofrecemos, desde el respeto y el reconocimiento al derecho que, como cualquiera de nosotros tienen, a vivir su vida en plenitud, con todo lo que esta afirmación conlleva.

 

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